El reloj marca las seis de la mañana y comienza a sonar. Entre sueños pienso que nuevamente me olvidé de cambiar la hora del despertador. Con los ojos aun cerrados mando el reloj a la esquina más lejana de mi cuarto, es decir, a metro y medio de mi cama de estudiante. No quiero despertar, el sueño está tan bueno que sería pecado terminarlo, y es más, estoy seguro de que en este momento la podré ver.
Sin piedad el reloj marca las nueve y me despierta de un solo golpe, duro y frío, justo cuando iba a darle un beso. Me olvidé nuevamente de cambiar la hora del despertador de mi celular. Un nuevo día, y después del trámite habitual de limpieza y demás, voy a la cocina en busca de desayuno. Observo la fruta, el café y la cocina vacía. Inevitablemente pienso en dos huevos fritos con jugo de plátano y un buen mate de anís. Me olvidaba, también pienso en el noticiero de todas las mañanas en América o en Canal N.
Luego de mentirle al estómago con fruta y con un chocolate amargo y feo que me hace extrañar con ansias a la fria y humeda Lima, regreso a mi habitación y reviso mi agenda (no, mentira). Ya empezaran las vacaciones en la escuela y yo, - por haber llegado recién hace poco menos de un año y el ser un poco introvertido simplemente no tengo nada planeado. Trato de hacer tiempo antes de limpiar el baño. Era un poco pequeño pero mi falta de esperiencia me lo hacia inmenso. Inmediatamente comienzo a limpiar la ducha, y peleándome con cabellos y sustancias de dudosa procedencia intento terminar lo que empecé, pero no puedo. Con las manos no la hago y mis guantes de plástico (básicos para este tipo de tareas) no son la solución esperada. Me resbalo y caigo una y otra vez en el suelo mojado. Sentado en el suelo y con el baño mas sucio q antes recuedo con mucha melancolia a mi madre.
Luego de mi batalla casi perdida con el baño, llega la hora del almuerzo. Me empeño en no hacer frituras para cambiar en algo la rutina, así que opto por hacer arroz como me enseñó mi madre. Corto la cebolla y la dejo dorar un momento en la olla, luego mido el agua y el arroz, y simplemente me dedico a esperar.
Mientras todo se cocinaba empecé a cortar un pedazo de carne de un gran bloque que hay en la nevera, un delicioso filete de carne, pensé, pero olvidé que la carne congelada es muy dura. Me costó cerca de 45 minutos cortar el bendito pedazo y cuando finalmente lo logré, escuché un pito extraño seguido de un olor a quemado. ¡Dios mío, olvidé el arroz! Justo cuando volteo, el agua se sale de la olla y se esparce por la cocina ensuciando todo. Lo primero que pensé fue "no, ahora a limpiar". Tomando el arroz que a estas alturas ya parecía mazamorra marrón, lo dejé por un momento a un costado, limpié el agua y procedí a freír mi carne. La metí en el sartén y la dejé cocinar, fui al repostero a buscar algo que echarle y encontré ajo seco, lo tomé y tuve tan mala suerte que había dejado la tapa mal puesta. Conclusión: tuve carne ajada en lugar de frita. Al poner la mesa y ver mi plato con mazamorra de arroz y carne ajada y un poco cruda, me di cuenta cuánto extrañaba a mi madre.
La tarde se pasó rápido entre internet, la música y los resúmenes, pues al terminar vacaciones empiezo al toque exámenes. Al llegar la noche el momento de la cena lo pasé velozmente con un pedazo de panetón y leche caliente. Esta vez opté por lo práctico y fácil. Terminé mi panetón (que no tenía pasas ni fruta confitada pero si azúcar en polvo), limpié un poco la cocina, apagué todas las luces y me quedé un momento parado sin hacer nada. Salí lentamente de la cocina, pasé por la piscina del condominio y me detuve a escuchar un eterno silencio. La piscina y un gimnasio vacio acompañan una noche fría de invierno Americano. Levante la cabeza y observando la luna recorde cuanto extrañaba a los amigos en especial PIA Y ALLI.
La noche avanza,regrese a casa, abri la ventana porque deje la casa oliendo a ajo desde la tarde, y el frío entra cortándome la cara y golpeándome el alma. Veo el reloj. Ya son las 2 de la mañana y creo que es mejor dormir. Al ver mi cama y sentir el frío en mi rostro pienso que esta noche también soñaré con ella, y me alegro pues intentare darle un beso. Lo mejor del día es la hora de dormir, pues estoy seguro que veré a todos los míos y estaremos juntos. Quizá esta vez ella me dirá que me quiere y la besare una y otra vez. Cierro la ventana, prendo la calefacción y me voy acomodando en el país de mis sueños, dónde esta mi familia y demas seres queridos. Casi al cerrar los ojos y caer rendido en una eterna sensación de estar a su lado, exclamo callado y a la vez intensamente ¡cuánto la amo......!